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Homenaje a los Patios- Cartel [/one_half]

 

Exposición permanente en:

Taberna La Viuda

En pleno barrio de San Basilio, lugar conocido por sus emblemáticos patios y balcones, se encuentra una típica taberna cordobesa llamada “La Viuda”. Sus paredes están repletas de cuadros de patios realizados por la pintora Mª Jesús Adame. Se trata de una exposición abierta que sirve como antesala a las maravillas que podrán encontrarse por muchos rincones de los barrios de Córdoba. Cada imagen capta una esencia de estos increíbles lugares, declarados por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad.

 

 
Exposición “Homenaje a los Patios”  (Abril-Mayo 2013)

Exposicion Maria Jesus Adame 25 abril 2013 Patios de Cordoba

Exposicion Maria Jesus Adame 25 abril 2013 Patios Cordoba

 Comentario sobre la exposición  “La luz de Córdoba en Mayo” (Abril-Mayo 2009)

Sin ser crítico, ni mucho menos un experto en arte, si me considero un enamorado de cualquier expresión artística que esté basada en el sentimiento, y en la obra de Mª Jesús el sentimiento y el corazón están volcados sobre ella. Apasionada del color y el contraste, encuentra en su ciudad la inspiración necesaria, de forma que cuando el azar empieza a florecer y el sol crea sombras imposibles sobre la cal, nos podemos encontrar a esta artista con su cámara al hombro inmortalizando detalles, luces y colores de todos los rincones más tradicionales de Córdoba. Desde hace años, los patios se alzan como fuente de inspiración de esta artista, colapsando su producción pictórica. Adame no pretende mostrar los patios tal y como los encontramos los visitantes, sino expresados a través de su sensibilidad y de su ojo educado, que nos transporta a lugares oníricos, mostrando el paraíso terrenal al que se referían los musulmanes al hablar de los patios del Al-andalus.

Cuando se admira la obra de Mª Jesús se puede percibir la sensibilidad inmensa que fluye de su interior traspasando el lienzo, a través de colores y trazos, que con una simpleza estudiada y basada en años de trabajo, investigación y desarrollo artístico, plasma las luces y sombras, formas y colores con naturalidad exquisita que hacen de su obra una expresión impresionista natural que nos traslada a los vergeles más conocidos y queridos de la inmortal Córdoba. – Rafael Barón Jiménez, Vicepresidente de la asociación de patios, “Claveles y Gitanillas”.

Comentario a la exposición “Patios y balcones de Córdoba” (Abril-Mayo de 2005)

Sin duda para los amantes del arte y de la cultura cordobesa, la observación atenta de las obras de Mª Jesús Adame constituye un placer para los sentidos y para el alma. Cuando analizo detenidamente sus lienzos encuentro a una mujer de cierta reserva pero de gran sensibilidad psíquica que utiliza la pintura como medio que le permite expresar sus más íntimas vivencias, casi sin levantar la voz, transmitiendo al espectador su amor por Córdoba mediante un sutil silencio. Veo en sus obras los colores de su tierra: verde de la Campiña; dorado del sol andaluz, de los trigales y de los campos en el estío; paisajes llenos de luminosidad en pleno mes de mayo; y una excelente representación plástica de la vibración óptica de la luz en el rojo de los claveles y las gitanillas que aparecen por doquier en las macetas que cuelgan en los balcones y en las pareces encaladas de los patios cordobeses. Y oigo el sonido del agua de las fuentes. Y me viene a la memoria el olor de los jazmines y el azahar de la primavera cordobesa. Maria Jesus Adame

De sus pinceles brota una figuración que tiende a la eliminación del detalle, dando la sensación de que las formas se plasman de modo no acabado, impreciso y vaporoso, llegando incluso a desmaterializarse. Gruesas pinceladas en las que busca la claridad y luminosidad y que distribuye de forma equilibrada por el lienzo con fuerza y maestría, logrando una impresión de marcado realismo en la que destacan contraluces y claroscuros, así como coloraciones limpias y transparentes, que dotan a sus obras de una luminosidad característica, al estilo de la que otrora utilizaran algunos de los maestros impresionistas, como la que Sorolla plasmó en sus playas o la que buscó Mir en sus paisajes campestres. Un arte de fácil lectura, entendible por el observador independientemente de su formación artística. Pero difícil de ejecutar debido a su elevada complejidad técnica. Destreza que sólo se adquiere tras muchos años de experiencia, de ensayo e investigación. – Asociación Cultural Aires de Córdoba. Ángela Hens, Vocal de la Sala Aires.

 Adame da a conocer una colección de pinturas al óleo (Marzo-Abril 2001)

La pintora cordobesa María Jesús Adame expone una colección de pinturas al óleo en el Centro Cívico Municipal Centro, situado en la plaza de la Corredera, hasta el próximo 5 de abril. Adame observa el mundo que le rodea y después de contemplarlo y sentirlo, lo describe; de este modo, tanto sus paisajes como sus figuras intentan dar una visión íntima de sus vivencias.

A la hora de pintar, la artista cordobesa se plantea captar el carácter esencial de las cosas. “Cuando me planteo la creación de una obra atravieso tres etapas: primero, la creciente atención de la sensibilidad óptica bajo la emoción de una nueva escena o figura; segunda, el momento álgido de la atención; tercero, un período de agotamiento gradual en la ejecución”, según comentó la pintora.

 Mª Jesús Adame Marín o la sencillez (13/06/1995)

Queda una vez más demostrado el fenómeno artista –obra ese inevitable nexo entre el artista y su cuadro, es en resumidas cuentas lo que siempre he mantenido; a tal artista tal obra y viceversa, la unidad universal se da de forma insoslayable y única, este es el caso evidente de Mª Jesús Adame; yo lo calificaría como sencillez. Creo que aquí, entre los cuadros de esta pintora, podemos plantearnos la posible similitud entre lo sencillo y lo simple, aunque en principio no son lo mismo, pero puede que en el presente caso se pueda aceptar una simplicidad muy candorosa y sensible que pueda aceptarse también como la sencillez. Lo sencillo no es siempre simplicidad ni tampoco necesariamente la conlleva. La obra de esta artista es “cualitativamente simple”, pero no lo es en cuanto a esencia. La sencillez de Mª Jesús reside en sus cualidades volitivas y caracterológicas, que en ella resulta una virtud, ya que son precisamente las que caracterizan y personalizan a sus obras, luego aquí no resulta una deficiencia, si no una cualidad intrínseca y positiva. En estas obras, esa simplicidad resulta quizá de naturaleza semiótica, ya que ella describe la realidad de sus cuadros por unos medios muy simples, pero no podemos olvidar que este concepto de simplicidad resulta en realidad un término multívoco.

Mª Jesús Adame es la sencillez plástica. Pinta con toda la nobleza de su espíritu, lo recatado de su persona, sus modestas ideologías, la nobleza de sus sentimientos, en definitiva lo candoroso de su persona; en este caso concreto, la obra resulta un fidelísimo espejo de esa sencillez de su autora. Pinta sin complejidades, sin estorbos técnicos, sin modos rebuscados, siente tal cual y pinta igual. Pero esta sencillez, insisto, casi se da de la mano con lo positivamente infantil, y sin llegar al consabido naif nos lo recuerda un tanto más por su contenido que por lo que pueda tener de mensaje, y sin en realidad lo posee resulta tan sencillo como sus personajes, estos son niños, que se desenvuelven en un medio totalmente propicio a esa niñez. Algunos de sus cuadros resultan puras narrativas de un acontecer diario, de cosas que ocurren y están ahí, esperando quizá esas oportunas pinceladas para que queden grabadas para siempre y no se olviden, un momento determinado en un determinado camino, y que se detienen para ser gozado con más intensidad, o tal vez para guardarlo en el recuerdo. – Diario Córdoba. José Salguero Carrera.

 Descripción en Mª Jesús Adame (22/12/1993)

Se da en el mundo del arte un modo de descripción, una forma de definición, una respuesta posterior a un análisis previo de todos aquellos elementos que nos rodean. Cuando el artista se encuentra ante esos objetos que son infinitos, después de contemplarlos y sentirlos los describe, o por lo menos trata de hacerlo. Mª Jesús Adame, a través de sus delicados cuadros, algunos muy poetizados, nos transmite una definición, su definición intransferible de todo cuanto ha visto, observado y sentido. Pero aquí, esta descripción plástica, colorista y en ciertos aspectos un tanto lineal, se podría aceptar como una “definición descriptiva”, ya que se trata de una autodefinición plenamente colorista que describe esa interna personalidad de su ser artístico. Toda obra artística nos describe algo, pero este hecho de describir no significa necesariamente una definición; aquí se da más esa descripción que una definición. La pintura de esta artista, más que definir lo que ha visto y sentido, lo narra y cuenta como una hermosa anécdota de su vida y, casi poéticamente, con un lirismo delicado y sutil, nos enseña la hermosura de nuestro entorno cuando se mira y contempla con una mirada acariciadora y sensible. Se da una perspicacia, una agudeza viudal y mental, que sin alcanzar lo puramente intelectual, se queda como paralizada en el mundo de las formas extremas y visuales; sus sentimientos profundizan más que un puro intelectualismo; sus obras son todas plenas sensibilidades, depurada delicadeza; se plasma una esmerada educación estética y una plástica muy desenvuelta.

Esta descripción colorista, se desenvuelve plenamente saturada de un mundo lleno de luz y claridad. En sus flores, el color es muy sutil y no subordina el decidido dibujo, que aparece y se nos muestra de forma evidente y clara, y que sirve de soporte a las masas de color. En algunos de ellos, esta delicadeza de la técnica alcanza tal grado que se nos manifiesta con toda la frescura y lozanía de una acuarela perfectamente dominada. Sus cuadros son manifestaciones de una juventud no ya física, sino espiritual y moral. Aquí, como en casi todas las obras pictóricas, el cuadro es fiel espejo del mundo interno de la artista, de su profundo Yo. Podría definirla como una artista íntima, delicada y sensible, poeta en su sentir y de un lirismo que roza lo puramente musical. Esta joven artista poetiza como cuando ve y observa, todo ese mundo que la rodea, es captado de forma penetrante pero respetuosa, saca y arranca de la naturaleza todo lo que posee de rítmico y soslaya todo razonamiento demasiado intelectualista; las obras de esta artista son más corazón que cerebro, más sensibilidad que enjuiciamientos, más poesía que prosa, pues sus descripciones plásticas se introducen con más facilidad en nuestras sensibilidades que en el frío y calculador raciocinio. Estas obras manifiestan de forma evidente la claridad espiritual y la poética delicadeza de su autora. – Diario Córdoba. Sánchez Moreno.

María Jesús Adame en la Sala del Monte (28/02/1988)

Vuelo de la imaginación y a la vez comunicación sensible con la naturaleza, impregnan y caracterizan las obras que Mª Jesús Adame expone, desde el viernes 26, en la sala del Monte de Piedad, de la calle Ángel de Saavedra, que son reflejo de innata sensibilidad y oficio bien aprendido. Y es lógico que así sea, ya que esta notable pintora cordobesa debió pensar, desde sus comienzos, que en arte la cuestión no es avanzar por cualquier camino, sino subir por derecho llevando para el largo viaje las alforjas bien repletas de ambas cosas. Este convencimiento es lo que, sin duda,  llevó a Mª Jesús Adame a estudiar cuatro años dibujo artístico y publicitario en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Córdoba y a licenciarse en Bellas Artes por la Universidad de Sevilla, en su Facultad de Santa Isabel de Hungría. Lo que le ha proporcionado la madurez que se observa en ésta, su primera exposición individual. Tras una frecuente presencia en colectivas, que ha seguida con suma atención desde su éxito en 1981 en la Exposición de Artistas Jóvenes, Premio Antonio Marín, convocado por la Real Academia de Córdoba.

María Jesús Adame demuestra con esta exposición personal en la sala del Monte de Piedad, haber iniciado con pie firme la que puede ser una importante carrera como pintora. Dentro de un peculiar concepto impresionista, que le sirve para transfigurar la naturaleza, captando sus esencias estéticas y poniendo en sus interpretaciones la dimensión de misterio, consustancial al arte verdadero. Partiendo de un dibujo ágil que confiere a las composiciones ese aire de simplicidad, idóneo para que el color sea el vehículo comunicativo de un mensaje vivo y sin énfasis. – Diario Córdoba. Francisco Zueras.

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